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Los Encuentros de Cine de Autor rinden homenaje a importantes directores de cine, valorando su obra, analizando su influencia y estudiando su aportación al Séptimo Arte. Y lo hacen de la mano de sus películas más significativas y de comentarios y análisis de grandes expertos del mundo del cine y la cultura.

 

Por Encuentros de Cine de Autor, ya han desfilado destacadas personalidades: Juan Manuel de Prada, Eduardo Torres-Dulce, Fernando Colomo, Jaime Chávarri, Guillermo Fesser, Luis Herrero, Jerónimo José Martín, Toni Cantó, Luis Alberto de Cuenca ó José Luis Garci.

 

Con un montaje escénico importante y novedoso, la proyección de las películas y los comentarios y anécdotas de los expertos, se desgranan todos los aspectos técnicos, artísticos y audiovisuales de los autores de forma amena e interesante.

 

Estas jornadas están destinadas a los diferentes ámbitos académicos, culturales, y a los amantes del cine en general

 

Los Encuentros de Cine de Autor nacieron en Villajoyosa (Alicante) en 2005 con el ciclo dedicado a ALFRED HITCHCOCK. Y posteriormente continuaron con gran éxito, abriendo nuevos ciclos dedicados a otros maestros del cine como BILLY WILDER, CHARLES CHAPLIN, JOHN FORD, CLINT EASTWOOD y STEVEN SPIELBERG.

 

Gracias por compartir nuestro interés por el maravilloso mundo del celuloide.

EL MONOLITO

Artículo enviado por nuestro colaborador Sebastián Antón

En la historia del cine y la literatura de ciencia ficción, pocos elementos han logrado capturar la imaginación colectiva con la fuerza del Monolito de 2001: Una Odisea del Espacio. Concebido por el autor Arthur C. Clarke y el cineasta Stanley Kubrick, el Monolito es la representación física de lo que nos resulta inescrutable.

El Monolito no es un dios, aunque sus efectos parezcan divinos. Según la novela de Clarke, es una herramienta creada por una civilización alienígena antigua que, tras haber trascendido la forma biológica para convertirse en seres de pura energía, se dedicaron a actuar como "cultivadores" de vida en el universo. No enseña de forma directa, sino que estimula las redes neuronales de las especies que encuentra. En el "Amanecer del Hombre", el Monolito no le dice al homínido cómo matar; simplemente reorganiza sus procesos mentales para que el primate descubra por sí mismo el concepto de la herramienta.

Una de las características más fascinantes del Monolito es su diseño geométrico. Kubrick y Clarke decidieron que el objeto debía ser tan perfecto que resultara antinatural. Sus dimensiones siguen la serie de los cuadrados de los tres primeros números enteros: 1 al cuadrado, 2 al cuadrado y 3 al cuadrado, lo que resulta en una proporción de 1:4:9. Esta precisión matemática sirve para diferenciar lo artificial de lo natural: en un entorno orgánico y caótico como la sabana africana o el terreno irregular de la Luna, la losa negra representa el orden absoluto, una prueba irrefutable de que no es fruto del azar geológico.

Para entender el impacto del Monolito, hay que observar sus cuatro intervenciones a lo largo de la película.

El Monolito de la Sabana: Su labor es despertar la chispa del intelecto en los ancestros del ser humano, permitiéndoles sobrevivir a la extinción mediante el uso de herramientas (armas).

La anomalía magnética en la Luna: Enterrado deliberadamente en la Luna, este monolito no emite señal alguna hasta que la luz del sol lo toca por primera vez, lo cual solo puede ocurrir si una especie ha avanzado lo suficiente como para viajar al espacio y excavar en la Luna. Es la notificación a sus creadores de que la humanidad ha salido de su "cuna".

El Gran Monolito de Júpiter: Ubicado en la órbita de Júpiter, este objeto es mucho más grande y actúa como una "Puerta Estelar". Su función es transportar al "representante" de la humanidad a través de un túnel espacio-temporal hacia un lugar donde pueda ser evaluado.

El Monolito del Niño de las Estrellas: Al final del viaje de Dave Bowman, el Monolito actúa como un útero transformador, permitiendo que el hombre trascienda su cuerpo físico y se convierta en una entidad nueva capaz de viajar por el cosmos sin necesidad de tecnología.

En definitiva, es un espejo que no refleja la imagen física, sino el estado evolutivo de quien lo mira. Para el simio es un tótem; para el científico del siglo XXI es un rompecabezas técnico; para Bowman, es la puerta a la divinidad. El Monolito de 2001 nos recuerda que, a pesar de toda nuestra tecnología, seguimos siendo "niños" en un universo vasto y habitado por fuerzas que apenas empezamos a intuir. Es el recordatorio de que la evolución no es un destino, sino un proceso continuo de transformación.

SIGNIFICADO DEL FINAL

El final de 2001: Una odisea del espacio es deliberadamente ambiguo. Stanley Kubrick quería que la experiencia fuera visual y sensorial, evitando explicaciones masticadas para que cada espectador sacara sus propias conclusiones. Mastiquemos un poco el final.

Tras encontrarse con el monolito gigante en Júpiter, David Bowman es absorbido por un túnel de luces y colores. Bowman está siendo transportado a través de vastas distancias del universo, viendo galaxias y fenómenos que ningún humano ha visto jamás. Bowman termina en una extraña habitación de estilo neoclásico. Este lugar es, en realidad, un lugar de observación creado por los alienígenas. ¿Por qué esa decoración? Los extraterrestres (que no tienen cuerpo físico) extrajeron de la mente de Bowman imágenes de lo que él consideraría un entorno "seguro". El paso del tiempo: En pocos minutos, vemos a Bowman envejecer rápidamente. Esto simboliza que el tiempo humano no significa nada para estas entidades superiores. Su vida biológica está llegando a su fin para dar paso a algo nuevo.

En su lecho de muerte, un Bowman ancianísimo señala al monolito que aparece al pie de su cama. En ese instante, muere y renace como un feto gigante envuelto en una esfera de luz. Es el siguiente paso de la evolución. Así como el monolito ayudó al simio a convertirse en hombre, ahora ayuda al hombre a convertirse en un ser/entidad post-humano. El "Niño de las Estrellas" ya no necesita naves espaciales, oxígeno ni tecnología. Es una criatura de pura energía e inteligencia que puede viajar por el cosmos con el pensamiento.

La película termina con el Niño de las Estrellas flotando en el espacio, mirando hacia nuestro planeta. Es el regreso. El ciclo se ha completado, la humanidad se ha "graduado" y ahora vuelve a su origen con una nueva conciencia. El final significa que la humanidad ha superado su infancia tecnológica. Hemos dejado de ser esclavos de nuestras herramientas (como HAL 9000 o el hueso-arma) para convertirnos en nuestros propios creadores, trascendiendo la materia física para unirnos a la inteligencia que colocó los monolitos.

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